viernes, 12 de abril de 2013

Rutina

Cogió un cuchillo, como siempre lo hacía, lo sostuvo en a mano sintiendo el metal, el plástico y todas aquellas moléculas de oxígeno escondidas en el material. Echaba de menos lanzarlo, echaba de menos la incertidumbre de acertar en la diana o en una mano, echaba de menos la visión del cuchillo al impactar contra su objetivo y el sonido de una manzana al ser atravesada rápidamente de un lado al otro, pero lo que más echaba de menos era la reacción de sorpresa del público al ver su espectáculo.

Suspiró.

Suspiró.

Suspiró.

Picó la cebolla que tenía delante, empezó a llorar y no quiso cuestionarse si esas lágrimas eran por el olor o por los recuerdos.

1 comentario: